Aventuras del Transporte Público

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Divino transporte público. Lo amamos y lo odiamos al mismo tiempo…

Taxi,  trolebús, camión o metro,  todos están tan dispuestos a llevarnos a nuestro destino a como dé lugar.
No importa la cantidad de usuarios que abarrotan su servicio en los diferentes puntos de esta ciudad que nunca descansa. Con suerte y nos toca un lugar en el metro y si es temprano será tu más cómodo reposet en lo que llegas a tu destino.  No olvides que tu hombro podrá servir de almohada para tu compañero de viaje, que con fortuna será una agradable persona, pero ten la seguridad que esa posibilidad es de una en un millón,  lo más seguro es que te toque junto a un caballero con un aliento a dragón y un ligero ronquido silbador… tu sólo pensarás, por qué no me desperté más temprano.
 Llegaste a tu estación de destino, te levantas de tu asiento y tratas de bajar del vagón, sorteando mochilas, maletas, una pareja abrazada, un estornudo y al vendedor en turno.
Por fin bajaste del tren, ahora te das cuenta que tendrás que correr por el largo andén para salir de la estación y tomar tu segundo transporte, un autobús.

Llegas a la parada y notas que la fila es tan larga como la de las tortillas en domingo, no importa,  tú estás dispuesto a superar el reto y como no queriendo la cosa te vas metiendo entre las fila hasta llegar a la puerta del autobús, respiras profundo, revisas que aún traes la cartera, sacas el cambio y a la cuenta de tres rompes las reglas de la física, te internas en un autobús con capacidad para 40 pasajeros pero contigo ya son 55.
Ya estás arriba y de pronto escuchas el grito de guerra de todo amable operador de transporte público-  “Órale joven váyase recorriendo, la bajada es por atrás”.
La bajada es por atrás? “Pero si frente a mi hay un muro de gente que no está dispuesta a entregar un milímetro de espacio” En fin, tu como puedes te vas recorriendo a la parte de atrás, en el recorrido descubres que tres personas no se bañaron, una mujer carga piedras en su bolsa, tu camisa ya no está planchada, tus zapatos negros ya son grises, los tubos del camión esconden un sinfín de chicles pegados y humedad de dudosa procedencia, finalmente vuelves a superar el reto, llegaste a la puerta de atrás. Tocas el timbre para avisar tu descenso y el chofer amablemente pisa el freno enviándote sobre todos tus compañeros de viaje, los cuales te ayudan a codazos, gritos y empujones a volver a tu lugar para poder bajar.

Listo, ya estás en tu destino, por fin llegaste al trabajo, nuevamente tomas aire y caminas tratando de disimular el dolor de los pisotones recibidos y cuando llegas a la puerta del trabajo ves la fecha y descubres que es sábado por la mañana y a ti te tocaba descansar.

MS

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