¿Cuántas veces al día te quejas?

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La queja es un hábito que muchas personas adoptan y del que es muy difícil desprenderse, ser la víctima de las circunstancias es algo muy tentador. 

No hacernos responsables de lo que nos sucede, no tomar medidas ante situaciones que no nos gustan nos invita a la queja, sin embargo, el malhumor, la rabia, el enfado y la infelicidad será una constante en nuestras vidas.

Para salir de esta espiral de queja es imprescindible atender a estos 4 consejos que nos ayudarán a sentirnos mejor con nosotros mismos y a tomar cartas en el asunto cuando la vida se tuerza.

1. Adiós a la queja, ¡pongámonos en marcha!

La queja tiene una particularidad y es que es pasiva. Con ella no se llega a ninguna parte, tampoco se soluciona nada.

Quejarnos nos permite sentirnos víctimas que no hacen nada por cambiar lo que les ocurre. Por ejemplo, ante un proyecto que no ha salido adelante, nos lamentamos. No obstante, podemos escoger otro camino.

En vez de dejarnos llevar por lo atractivo de la queja, podemos acoger todos esos sentimientos y emociones que nos abordan y tomarlos como impulso para tomar otro sendero o aprender de lo que hemos hecho.

No podemos quedarnos quietos ante una situación que se ha torcido o que no está saliendo como planeábamos. Soñar es gratis, pero si no hacer realidad lo que sueñas, te saldrá muy caro.

Deja de quejarte tanto y ponte manos a la obra. Es el momento de abandonar esos pensamientos llenos de lamento y empezar a actuar.

2. Nunca rechacemos lo que nos ocurre

Tendemos a rechazar todo aquello que nos sucede y que no nos gusta. Este es el camino más fácil que nos conducirá a la queja.

No obstante, hay situaciones que no podemos modificar. Por ejemplo, el hecho de que hayamos cometido un error en el pasado es algo imposible de cambiar.

¿Vamos a estar lamentándonos por ello? ¿Continuaremos en el presente recordando un pasado al que nunca más podremos acceder?

Hacer esto es perder el tiempo y agotar nuestras energías que podríamos estar gastando en algo mucho más útil.

Aprendamos a aceptar aquello que nos ocurre. De todo podemos sacar una enseñanza que nos hará mucho mejores. Tan solo tenemos que rascar un poco. ¿Empezamos ya?

3. Seamos valientes, seamos responsables

La espiral de la queja evita que nos hagamos responsables de lo que nos sucede. Es mucho más fácil culpar a otros de nuestras desgracias.

Lamentablemente, la mayoría de las cosas que nos ocurren son responsabilidad nuestra. Aunque otros se comporten mal con nosotros, es nuestra la decisión de seguir permitiendo eso o empezar a tomar medidas.

No se trata de cambiar a los demás. Tampoco se trata de creer en un dios al que renunciamos en cuanto se nos muere un familiar o caemos en quiebra.

No podemos culpar a los demás de lo que nos sucede, porque la vida no elige a quien fastidiar. Las cosas ocurren sin más y hay que aceptarlas.

Seamos consecuentes con nuestros actos y actuemos de forma inteligente ante lo que no hay manera humana de modificar. Seamos valientes para afrontar cualquier dificultad que nos toca indiscriminadamente.

4. Comuniquémonos con la queja

¿Cómo te hace sentir el hecho de lamentarte por todo? ¿Bien o mal? Lo más probable es que no muy bien, incluso si su uso es para manipular a los demás.

Cuando la queja hace acto de presencia, deberíamos tomar medidas. Una de ellas es hablar con ella, preguntarle qué hace ahí y cuál es su motivo.

Esto tendríamos que hacerlo con el enfado, la ira, la envidia y muchas otras emociones que nos causan muchos problemas en nuestro día a día.

Quizás descubras que te quejas para llamar la atención o que necesitas culpar a los demás porque no quieres responsabilizarte de tus decisiones. Tal vez la usas para manipular a otros porque necesitas tener el control.

Sea cual sea el motivo por el que la queja ha entrado en tu vida, es importante que seas consciente de que esta no debe quedarse por mucho más tiempo.

Esta tan solo nos volverá débiles, víctimas y pasivas ante situaciones que está en nuestra mano que tomen un nuevo rumbo. Todo es cuestión de cambiar la perspectiva.

Fuente: Mejor con salud

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