¿Prestado, tomado o robado?

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NiñoRobandoQuizá te ha pasado o tu lo llegaste a hacer. Los pequeños hurtos son algo relativamente normal entre niños. Les gusta algo y no pueden resistir la tentación de llevárselo. Pero no por ello debes permitirlo, ellos deben saber que eso está mal y enseñarles que no deben volver a hacerlo. 

Lo ven, les gusta y se lo llevan a casa. Actúan por impulso, pero partiendo de este mal comportamiento puedes convertir esta experiencia en algo positivo si la aprovechas para enseñarle cuál es el comportamiento adecuado.

Los pequeños desde que van sentados en su carriola, se convierten en observadores de excepción, sobre todo de lo que hacen papá y mamá, sus modelos de conducta. Ahora que empiezas a comprender mejor las cosas, también quieren experimentar qué es lo que pasa cuando hacen algo que está mal. Miden la reacción de sus padres, los tantean. Por eso es importante que los padres estén alerta y actúen con claridad y firmeza, además de aprovechar la oportunidad para educarlos con valores como el respeto a los demás. No se trata de estar dándoles sermones todo el día (los niños aprenden más con la experiencia, no con palabras) sino de dar ejemplo.

Normalmente, estos pequeños robos se dan en casas de sus amigos o familiares porque, por ejemplo, en el súper suelen recurrir más a pedir lo que quieren y en el colegio tienen  bastante claro que lo que hay es de todos y se queda allí. Suenen ser cosas pequeñitas: juguetes, estampas, golosinas… y la “víctima” puede ser otro niño a quien tu hijo admira. ¿Por qué? Muy sencillo: porque  las cosas de los amigos con los que se lleva bien le llaman la atención.

No dramatizar ni etiquetar a tu hijo con palabras como “ladrón”. El niño no es “malo”, lo es la acción que ha cometido.
No dejarlo pasar: Una cosa es no poner el grito en el cielo y otra ser demasiado permisivos porque no le des importancia o incluso porque te haya hecho gracia ver la carita que puso cuando lo descubriste.

Cuando una conducta no tiene consecuencias negativas tiende a convertirse en hábito, así que lo mejor es ponerle solución al tema inmediatamente. Explícale con palabras adecuadas a su edad por qué está mal lo que ha hecho. Por ejemplo, recurriendo al ejemplo. Si el juguete favorito de tu hijo es una pelota, decirle: “¿Cómo te sentirías si te levantaras por la mañana y tu pelota no estuviera en su sitio?”. El objetivo es que entienda por qué es un mal comportamiento.
Muchas veces no explicamos a los niños la razón de que algo esté mal y ellos solo nos obedecen para que no nos enojemos. Lo deseable es que interioricen por qué no deben volver a repetirlo.

Pero sobre todo no olvides que la gran lección de todo esto es reparar el daño: Por ejemplo, acompañándole a devolver lo que ha tomado a su amiguito y animándolo a que pida disculpas. También puedes explicarle que se tiene la opción de pedir prestadas aquellas cosas que nos gustan y que a lo mejor nos las dejan o hacer “que se gane” lo que desea haciendo pequeñas tareas en casa. Este último recurso debe ser algo excepcional, ya que hay mejores maneras de premiar a los niños que solo con cosas materiales: por ejemplo, con halagos, atención o compartiendo con ellos una actividad que les guste. 

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