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viernes, abril 26. 2024

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¿Sabes cuánto vales?

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Hay muchas cosas a nuestro alrededor de las que podemos disfrutar, pero si dejamos que las preocupaciones ocupen todo el espacio en nuestra mente, difícilmente nos quedarán fuerzas para apreciarlas.

Pedro, con el rostro abatido de pesar se reúne con su amiga Carla para tomar un café.

Deprimido descargó en ella sus angustias: el trabajo, el dinero, la relación con su pareja, su vocación... Todo parecía estar mal en su vida.

 

Carla introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 200 pesos y le dijo –Pedro, ¿quieres este billete?

Pedro, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo –Claro Carla, son 200 pesos, ¿quién no los querría?

 

Entonces Carla tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo un pequeño bollo. Mostrando la estrujada pelotita verde a Pedro volvió a preguntarle:

 

–Y ahora ¿igual lo quieres?

–Carla, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 200 pesos, claro que los tomaré si me lo entregas.

 

Entonces Marisa desdobló el arrugado billete, lo tiró al piso y lo restregó con su pie en el suelo; luego lo levantó sucio y marcado y le preguntó:

 

¿Lo sigues queriendo?

–Mira Carla, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 200 pesos y mientras no lo rompas conserva su valor. dijo Pedro.

 

Y en seguida Carle le dijo:

–Entonces Pedro, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, tú sigues siendo tan valioso como siempre lo hayas sido y lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no considerar lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

 

Pedro se quedó mirando a Carla sin decir palabra.

Carla puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

–Toma, guárdalo para que te recuerdes de esto cuando te sientas mal y me debes un billete nuevo de 200 pesos para poder usar con el próximo amigo que lo necesite.

 

Cuántas veces dudamos de nuestro propio valor, de que realmente merecemos lo mejor y que si podemos conseguirlo.

Aunque el sólo propósito no alcanza, se requiere de la acción para lograr los beneficios.

Sabemos que se puede y que existen innumerables caminos para conseguirlo.

 

 

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