La riqueza

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No le pongas precio a tu vida. Centrarte en el dinero, olvidándote de las riquezas espirituales, te puede hacer sentir como una flor marchita, sin entusiasmo y sin vida. ¡Cambia de enfoque!

¿Buscas la felicidad en el dinero? Es algo que te dijeron tus padres desde pequeño “Hijo(a), estudie para que de grande sea un profesionista, tenga éxito, gane mucho dinero y tenga una casa, un coche y pueda viajar y vivir cómodamente” y creces con esta idea, aún sin discutirla.

Sólo la aceptas. Lo curioso es que, logres la riqueza o no, te das cuenta en un momento de tu vida que las riquezas no son tu felicidad.

En tu interior, deseas hacer lo que más te gusta y te prometes hacerlo cuando seas viejo, estés jubilado o tengas dinero suficiente. Pero esta seguridad nunca te va a llegar; si, nunca.

Y te das cuenta que la riqueza es causa de lucha, estrés, desamor y traición de valores.

 

Con curiosidad, leí alguna vez el siguiente cuento de un mexicano y un estadounidense que más o menos dice así:

 

Un rico empresario de Estados Unidos fue a pasar sus vacaciones a pescar a una tranquila laguna en México, en la cual se encontraba plácidamente pescando un hombre del lugar, con sus hijos alegremente jugando alrededor y su amorosa esposa preparándole la comida.

 

Todos se veían muy felices, aunque eran muy pobres.

 

Y el estadounidense, dándose cuenta de la pobreza de aquel hombre se le acercó y le dijo:

 

“Oye, ¿no te gustaría ganar más dinero, ser rico?” a lo cual respondió el pescador:

 

“Bueno, ¿de que me serviría ser rico?”, a lo cual respondió el otro:

 

“Bueno, al principio tendrás que trabajar muy duro, pero después podrás juntar y comprar una grande y hermosa casa, comprarte todas las cosas que tu quieras, y retirate de trabajar.

¡Y entonces podrás dedicarte a hacer lo que mas te gusta, y disfrutar de tus hijos y tu esposa!”, a lo cual el pescador con aire suspicaz le respondió:

 

“¿Pues no es eso lo que estoy haciendo ahora?”.

 

Este es el punto. Tu vida es un viaje con un boleto de ida, no de regreso.

 

Y más te valdría que aproveches cada instante de tú viaje en disfrutar y experimentar al máximo cada momento y no esperarte hasta el final.

Si aguardas para ser feliz hasta el último momento de tu vida, descubrirás que es demasiado tarde para vivir todo lo que tú deseabas vivir.

 

O sea, vivir lo que deseas vivir es obedecer los impulsos de tu corazón, que es el que te dicta lo que realmente te entusiasma y deseas hacer.

 

En el Ivan Ilich, de Tolstoi, habla de la historia de un hombre en la Rusia de la época de los zares.

 

Este personaje tenía todo: una buena posición económica, una hermosa esposa, una bella casa en la ciudad y otra en el campo.

 

Pero a la edad de 40 años, le pronostican cáncer y le dan tres meses de vida.

 

Entonces mira retrospectivamente lo que ha sido su vida y se da cuenta que solo ha hecho lo que convenía, según la opinión de la demás gente y que nunca hizo lo que realmente quería hacer

 

“¿y si toda mi vida ha sido una equivocación?”.

 

Es por eso que su muerte es muy trágica, porque se muere antes de haber hecho todo lo que realmente quería hacer.

 

¿Tú eres un Iván Ilich? Y sin embargo, las riquezas no están peleadas con ser feliz.

 

Conferencistas, pintores, escritores, empresarios, deportistas, son ricos y felices porque primero hicieron lo que les nacía; y el amor y la pasión por sus actividades hizo que aumentara de forma natural su capacidad y el dinero llegó solo a ellos.

 

El peligro es elegir una actividad pensando primero en el dinero antes que en la satisfacción de tu espíritu.

 

Inténtalo al revés y experimentarás un nuevo ánimo día a día. ¿Por qué no pruebas? ¡Vive tu vida!

 

 

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